Por Redacción Block · 30 de junio de 2026
Imagina un planeta donde el amanecer y el atardecer no se parecen en nada. En uno de sus bordes, un cielo algo más templado con nubes de minerales; en el otro, un aire tan caliente que rompe las moléculas de agua. No es ciencia ficción: es WASP-121 b, un mundo situado a cientos de años luz que el telescopio espacial James Webb acaba de radiografiar con un detalle sin precedentes.
Un mundo de día y noche eternos
WASP-121 b pertenece a la familia de los “júpiter ultracalientes”: gigantes gaseosos que orbitan tan cerca de su estrella que quedan atrapados por las mareas. El resultado es que siempre muestran la misma cara al astro, igual que la Luna hace con la Tierra. Una mitad vive en un día perpetuo; la otra, en una noche eterna. Según el equipo científico, la temperatura media alcanza unos 2.500 °C en el lado iluminado y baja a cerca de 725 °C en la cara oscura.
Ese contraste extremo convierte al planeta en un laboratorio ideal para estudiar cómo se comporta una atmósfera empujada al límite.
Vientos que reparten el fuego
La clave del hallazgo, publicado el 11 de junio en la revista Nature Astronomy, está en las zonas de transición entre el día y la noche, que los astrónomos llaman terminadores. Al observar cómo la luz de la estrella atraviesa la atmósfera cuando el planeta pasa por delante, el equipo detectó que el terminador del atardecer absorbe más luz que el del amanecer.
La explicación más probable son vientos poderosos que transportan el calor desde el lado diurno hacia el nocturno. Como soplan hacia el este, en el mismo sentido en que gira el planeta, calientan con más fuerza la región del atardecer. Y al calentarse, la atmósfera se expande y bloquea más radiación. Todo encaja.
Agua que se rompe y nubes de minerales
El instrumento NIRSpec del Webb aportó más pistas. Los datos muestran que el vapor de agua es más escaso en las zonas más calientes: allí las temperaturas son tan altas que llegan a partir las propias moléculas de agua. En cambio, el modelo teórico se quedó corto al explicar el frescor del lado del amanecer. La hipótesis que mejor cuadra es la presencia de nubes, pero no de gotas de agua como las terrestres, sino de minerales —silicatos— capaces de bloquear la radiación de las capas inferiores y hacer que la atmósfera parezca más fría de lo que es.
Por qué este hallazgo importa
Durante años, las diferencias entre la mañana y la tarde de un exoplaneta fueron solo una predicción de los modelos. Ahora hay una medición directa, longitud a longitud, gracias a que el planeta rota unos 30 grados durante su tránsito. Es una nueva forma de “mapear” atmósferas lejanas que los astrónomos ya planean aplicar a otros mundos extremos, para entender cómo funciona el clima más allá del Sistema Solar.
Ficha rápida
- Planeta: WASP-121 b, un “júpiter ultracaliente”.
- Instrumento: NIRSpec del telescopio James Webb (NASA/ESA/CSA).
- Hallazgo: la mañana y la tarde tienen temperaturas y química distintas.
- Publicación: Nature Astronomy, 11 de junio de 2026.
Fuentes
- Estudio en Nature Astronomy (Gapp et al., 2026): doi.org/10.1038/s41550-026-02887-6
- Instituto Max Planck de Astronomía vía ScienceDaily: James Webb reveals two completely different twilights on an alien world
- NASA — Telescopio James Webb: science.nasa.gov/mission/webb
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